En el Bosque de los Secretos Sinceros,
donde hablan las flores y los ciervos,
una historia se cuenta al pasar,
de un señor muy antiguo, un samurái sin par.
Su nombre era Hoshi, con armadura de plata,
en su país, Japón, era fama y cháchara.
Valiente y audaz, siempre listo para luchar,
pero en su corazón, la verdad buscaba hallar.
Hoshi viajó por montañas, ríos y mares,
buscando respuestas a sus grandes interrogares,
hasta que un día, tras mucho caminar,
llegó al Bosque de los Secretos, sin saber qué encontrar.
Las hojas susurraban, los árboles hablaban,
los animales lo miraban, las flores lo saludaban.
"¿Qué lugar es este tan especial?",
preguntó Hoshi, sintiéndose especial.
"Este es el Bosque de los Secretos Sinceros",
le respondió un viejo roble, amable y certero.
"Aquí no hay mentiras, aquí no hay engaño,
solo la verdad se habla en nuestro rebaño."
Hoshi, curioso, preguntó al roble anciano,
"¿Cómo puedo encontrar la verdad en mi mano?"
El roble sonrió, sus hojas susurraron,
"La verdad, querido Hoshi, está en ser sincero y honrado."
Así, Hoshi comprendió la lección del roble,
la verdad no se encuentra en batallas o en cobre,
sino en ser honesto, en ser sincero,
en decir siempre la verdad, sin temor ni desespero.
De vuelta en su hogar, Hoshi compartió su saber,
enseñó a su gente a la verdad no esconder.
Y su nombre se recuerda, de generación en generación,
como el samurái sincero, de gran corazón.
Así que recuerda, niño de ojos brillantes,
la verdad es un tesoro, no algo distante.
En el Bosque de los Secretos Sinceros se halla,
pero también en tu corazón, si a la mentira no te abalas.
Porque la verdad, aunque a veces puede doler,
es siempre el camino a escoger.
Así lo aprendió Hoshi, el samurái sin par,
en el Bosque de los Secretos, lugar singular.
Y ahora tú lo sabes, pequeño lector,
la verdad es valiosa, no es solo un rumor.
Como Hoshi, sé valiente, sé sincero,
y encontrarás la verdad, eso te aseguro yo, el roble viejo y certero.

