Había una vez en un bosque lleno de vida y color, un Conejito llamado Saltarín debido a sus grandes saltos. Saltarín era muy juguetón y siempre estaba saltando de aquí para allá. ¡Hop, Hop! saltaba el conejito.
En ese mismo bosque, vivía una Tortuga llamada Trabajadora, que siempre estaba ocupada haciendo algo. Era muy detallista y paciente, siempre decía: “Paso a paso, sin prisa pero sin pausa”.
Aunque eran muy diferentes, Saltarín y Trabajadora eran los mejores amigos. Juntos, disfrutaban del bosque, compartían comidas y jugaban. Pero también se ayudaban en los momentos difíciles.
Un día, mientras Saltarín jugaba saltando por el bosque, ¡Hop, Hop!, se dio cuenta de que Trabajadora no podía seguirle el ritmo. “¡Ey, Trabajadora!” gritó, “¿Por qué no puedes saltar como yo?”
Trabajadora le respondió: “No puedo saltar como tú, Saltarín. Pero, no hay problema. Cada uno tenemos nuestras habilidades”.
Pero Saltarín quería que su amiga pudiera saltar y disfrutar como él. Así que, pensó en buscar a su amigo, el Sr. Inventor. El Sr. Inventor era un sabio búho que vivía en el mismo bosque y siempre estaba inventando cosas nuevas.
Saltarín fue a ver al Sr. Inventor y le explicó su problema. El Sr. Inventor, con su bata blanca y sus gafas de ver de cerca, reflexionó y dijo: “Hmm, entiendo. Deja que piense en una solución”.
Después de varias noches trabajando, ¡el Sr. Inventor lo logró! Había creado unos zapatos especiales para Trabajadora. “Estos zapatos ayudarán a Trabajadora a saltar como tú, Saltarín”, explicó.
Saltarín estaba emocionado. Llevó los zapatos a Trabajadora y le explicó: “Estos zapatos son mágicos, te ayudarán a saltar como yo”.
Trabajadora se puso los zapatos y, para su sorpresa, ¡pudo saltar! Aunque al principio fue un poco difícil, con ayuda de Saltarín y sus ánimos de “¡Tu puedes, Trabajadora!”, pronto estuvo saltando por todo el bosque. ¡Hop, Hop!
Saltarín estaba muy feliz de ver a Trabajadora saltar. Pero notó que Trabajadora estaba cansada. “Amigo Saltarín”, dijo Trabajadora, “Es divertido saltar, pero también me gusta ser quien soy, una tortuga que va paso a paso”.
Saltarín comprendió que, aunque había querido ayudar a su amiga, no debía cambiarla. Cada uno era especial a su manera. Así que, decidieron que Trabajadora usaría los zapatos mágicos solo cuando quisiera saltar como Saltarín.
Desde aquel día, Saltarín y Trabajadora disfrutaron aún más de su amistad. Saltarín aprendió que cada uno es único y especial en su propia manera. Y Trabajadora aprendió que está bien probar cosas nuevas, pero que también está bien ser uno mismo.
Y así, en el bosque lleno de vida y color, Saltarín y Trabajadora siguieron siendo los mejores amigos, apreciando las diferencias del otro y ayudándose siempre que lo necesitaban, vivieron muchas más aventuras juntos.
Y el Sr. Inventor, viendo la felicidad de sus amigos, sonrió y volvió a su taller. Siempre estaba listo para ayudar con sus inventos a los habitantes del bosque. Porque, al igual que Saltarín y Trabajadora, él también valoraba la amistad y la colaboración.
Y así termina nuestra historia de hoy, con el Conejito Saltarín y la Tortuga Trabajadora, dos amigos que aprendieron a valorar sus diferencias y a ayudarse mutuamente, en un bosque lleno de vida y color.

