¡Bravo, Valiente Conejito!

Había una vez, un pequeño y tímido conejito llamado Pepito que vivía en el bosque de las Maravillas. Pepito era famoso por ser el conejito más asustadizo de todo el bosque. Tenía miedo de la oscuridad, de hacer nuevos amigos y de probar cosas nuevas.

Un día, el sabio Rey Búho convocó a todos los animales del bosque. "Amigos del bosque", dijo el Rey Búho con su voz profunda y autoritaria, "nuestro preciado tesoro, la Piedra Luminosa, ha desaparecido. Sin ella, nuestro bosque se quedará en la oscuridad eterna. Necesitamos un valiente que se atreva a buscarla y devolverla a su lugar."

Todos los animales se miraron unos a otros. El viaje para encontrar la Piedra Luminosa era peligroso y lleno de misterios. De repente, para sorpresa de todos, Pepito el tímido conejito levantó su pequeña pata.

"Yo lo haré", dijo Pepito con voz temblorosa. "Buscaré la Piedra Luminosa". Hubo un silencio y luego estalló un murmullo de sorpresa. El Rey Búho le sonrió a Pepito y dijo: "¡Bravo, valiente conejito! Te deseo buena suerte en tu viaje".

Pepito emprendió su viaje con miedo, pero determinado. Tuvo que cruzar ríos rugientes – ¡splish, splash! – y escalar montañas rocosas – ¡huf, puf! – y adentrarse en cuevas oscuras – ¡uh, oh! Pero Pepito siguió adelante, superando cada miedo uno por uno.

Un día, en una cueva muy oscura, Pepito vio un destello. Se acercó con cuidado y descubrió que era la Piedra Luminosa. Pero la piedra estaba custodiada por un enorme y feroz dragón. Pepito sintió miedo, pero recordó lo que el Rey Búho había dicho y se armó de valor.

"Señor Dragón", dijo Pepito con voz temblorosa pero firme, "vine a buscar la Piedra Luminosa. Nuestro bosque la necesita para no quedar en la oscuridad eterna."

El dragón, sorprendido por el valor de Pepito, accedió a devolver la Piedra Luminosa. Pepito, con la piedra en su poder, corrió de regreso al bosque.

Al llegar, todos los animales del bosque lo recibieron con aplausos y vítores. "¡Bravo, valiente conejito!" gritaban todos. Pepito, con una sonrisa en su rostro, colocó la Piedra Luminosa en su lugar y el bosque volvió a brillar con luz propia.

El Rey Búho, con una sonrisa sabia, felicitó a Pepito. "Hoy, has demostrado ser el conejito más valiente de todo el bosque", dijo. Y desde aquel día, Pepito ya no era conocido como el conejito tímido, sino como el valiente conejito que se atrevió a enfrentar sus miedos y resolvió el misterio de la Piedra Luminosa.

Y así, cada vez que Pepito sentía miedo, recordaba su aventura y se decía a sí mismo: "Si pude enfrentar al dragón y recuperar la Piedra Luminosa, puedo enfrentar cualquier cosa."

Y, queridos niños, así debe ser. Cada vez que sientan miedo, recuerden a Pepito, el valiente conejito, y digan: "Si Pepito pudo, yo también puedo". Y recuerden siempre, el valor no es la ausencia de miedo, sino la habilidad de enfrentarlo. ¡Bravo, valiente conejito!

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