Había una vez, en la gran ciudad de Carrotpolis, un pequeño conejito llamado Timmy. Timmy era muy tímido. A diferencia de los otros conejitos que saltaban y jugaban alegremente en los parques y las calles, Timmy prefería quedarse en su pequeña madriguera, temiendo lo desconocido.
Todos los días, mientras los otros conejitos se divertían bajo el brillante sol, Timmy se quedaba en su hogar, sus ojos asomándose por la pequeña entrada de su madriguera, contemplando el bullicio de la ciudad. "¡Clinc, clanc, clunc!" sonaban los coches en la calle. "¡Zum, zum, zum!" zumbaban las abejas en las flores. "¡Plop, plop, plop!" saltaban los otros conejitos.
Un día, una pequeña niña llamada Lily se mudó a Carrotpolis. Al igual que Timmy, Lily también se sentía tímida en su nuevo entorno. Al ver a Timmy en su madriguera, Lily se acercó y le dijo: "Hola, pequeño conejito. ¿Quieres jugar conmigo?" Timmy, sin embargo, se asustó y se escondió más profundo en su madriguera.
Lily no se rindió. Todos los días, ella venía a la madriguera de Timmy y le hablaba. Le contaba sobre las maravillas de la ciudad, los hermosos jardines y los juegos divertidos. "¡Cruj, cruj, cruj!" sonaban las hojas bajo sus pies. "¡Ris, ras, rus!" se escuchaba el viento entre los árboles. "¡Bip, bop, bup!" cantaban los pájaros en el cielo.
Con el tiempo, Timmy se sintió cada vez más curioso. Quería ver las cosas de las que Lily hablaba. Quería escuchar los sonidos de la ciudad. Quería probar la emoción de jugar. Pero su miedo todavía lo retenía.
Un día, después de que Lily se fue, Timmy decidió que era hora de enfrentar sus miedos. Tomó una respiración profunda y dio un pequeño paso fuera de su madriguera. "¡Hup, hop, hep!" saltó Timmy. El mundo fuera de su madriguera era más brillante y colorido de lo que había imaginado. Los ruidos de la ciudad, aunque eran fuertes, también eran melódicos y emocionantes.
Timmy comenzó a explorar la ciudad. Corrió por los jardines, saltó en los charcos y jugó con las hojas. "¡Chis, chas, chus!" sonaban sus patitas. "¡Sis, sas, sus!" silbaba el viento en sus orejas. "¡Pip, pop, pup!" latía su pequeño corazón.
Cuando Lily vino al día siguiente, encontró a Timmy jugando alegremente fuera de su madriguera. Se unió a él, y juntos exploraron la ciudad, encontraron nuevos amigos y tuvieron nuevas aventuras. Timmy ya no era el conejito tímido que se escondía en su madriguera. Ahora, era Timmy el valiente, el conejito que había superado sus miedos y descubierto el maravilloso mundo que se encontraba más allá de su madriguera.
Y así, en la bulliciosa ciudad de Carrotpolis, Timmy el Conejito Tímido se convirtió en un ejemplo para todos. Nos enseñó que a veces, todo lo que necesitamos es un poco de coraje y curiosidad para superar nuestros miedos y descubrir las maravillas que nos rodean. Fin.

