Una vez al año, en la mágica Ciudad de las Estrellas, ubicada en lo alto de las montañas, donde las estrellas parecen estar al alcance de la mano, se celebra el Gran Desfile. Un desfile que atrae a visitantes de todas partes, no solo por su belleza deslumbrante, sino también por su significado especial.
Los ciudadanos de la Ciudad de las Estrellas no son como tú y yo. Son seres hechos de luz, que brillan con el resplandor de las estrellas. Y en el Gran Desfile, cada uno de ellos desfila con una réplica de su estrella favorita, compartiendo su luz con todos los presentes.
Este año, la pequeña Estrella, una niña de 10 años con un brillo especial, estaba emocionada por participar en su primer desfile. Aunque siempre había observado el desfile con asombro, nunca había sido parte de él. Y para Estrella, este era un sueño hecho realidad.
La noche antes del desfile, Estrella estaba ansiosa. No podía dormir, así que decidió ir a visitar a la anciana Luna, la sabia mujer que había guiado a generaciones de ciudadanos en la elección de su estrella.
Luna le dio la bienvenida a Estrella en su hogar y la escuchó atentamente. "Luna", dijo Estrella, "siento un gran peso en mi corazón. Me preocupa no ser lo suficientemente buena para el desfile".
Luna sonrió y le dijo a Estrella la historia del Gran Desfile. Le contó que no era solo una celebración, sino también una manera de recordar a los antiguos habitantes de la ciudad que habían ascendido a convertirse en estrellas reales en el cielo. Cada ciudadano, explicó Luna, lleva una estrella en el desfile para honrar a aquellos que vinieron antes y para recordar que ellos también están destinados a brillar con luz propia.
Estrella escuchó atentamente y entendió que el desfile no era una competencia, sino una celebración de la vida y la luz. Con un corazón más ligero, regresó a su casa y eligió la estrella que llevaría en el desfile: una pequeña pero brillante estrella, que para ella representaba la valentía y la determinación.
El día del desfile, Estrella desfiló con orgullo, llevando su pequeña estrella brillante. Aunque había otros con estrellas más grandes y brillantes, Estrella brillaba con una luz especial, la luz de alguien que comprendía y apreciaba el verdadero significado del Gran Desfile.
A medida que Estrella avanzaba, la multitud aplaudía. No porque su estrella fuera la más grande, sino porque su luz era la más sincera. Y cuando el desfile terminó, Estrella comprendió que no importa cuán grande o pequeña sea tu luz, lo que realmente importa es cómo la compartes con los demás.
El Gran Desfile de la Ciudad de las Estrellas es una festividad que enseña a los niños la importancia de la gratitud, el honor y el compartir. Y aunque esta ciudad y su desfile pueden ser parte de una historia, su mensaje es real y aplicable a nuestras vidas cotidianas.
Así que la próxima vez que mires las estrellas en el cielo, recuerda a la pequeña Estrella y su lección. Y quizás, solo quizás, encuentres tu propia estrella para compartir con el mundo. Porque todos, al igual que los ciudadanos de la Ciudad de las Estrellas, llevamos una luz dentro de nosotros que está lista para brillar.

