El Conejito Pacífico y la Zanahoria Disputada

Había una vez, en un bosque lleno de árboles grandes y hermosos, un pequeño conejito llamado Pacífico. Pacífico era conocido en todo el bosque por su nombre, ya que siempre buscaba vivir en paz y armonía con todos los demás animales.

Un día, mientras Pacífico saltaba alegremente por el bosque, vio una zanahoria dorada y brillante en medio de un claro. "¡Oh, qué zanahoria tan hermosa!" exclamó Pacífico, y fue a tomarla.

Pero justo cuando Pacífico se acercó, un ratón llamado Rápido también vio la zanahoria. Rápido corrió tan rápido como pudo y llegó a la zanahoria justo antes que Pacífico. "¡Esta zanahoria es mía!" dijo Rápido.

Pacífico se sorprendió. "Pero yo también vi la zanahoria," dijo Pacífico, "¿No podríamos compartirla?"

Rápido frunció el ceño. "¡No, yo la vi primero, es mía!" insistió Rápido.

Pacífico se sintió triste, pero no quería pelear con Rápido. Así que decidió buscar ayuda. Saltó y saltó hasta que encontró a la sabia tortuga Anciana.

Anciana era la más vieja del bosque y sabía muchas cosas. Pacífico le explicó lo que había sucedido. Anciana escuchó atentamente y luego dijo, "Hmm, entiendo tu problema, déjame pensar…"

Mientras Anciana pensaba, Pacífico y Rápido esperaban. Esperaron y esperaron. "¡Tick, tock, tick, tock!" Pasaba el tiempo y el sol empezó a ponerse.

Finalmente, Anciana habló. "Tengo una idea," dijo, "¿Por qué no hacen una carrera? El que gane se queda con la zanahoria."

Pacífico y Rápido estuvieron de acuerdo con el plan de Anciana. Así que al día siguiente, todos los animales del bosque se reunieron para ver la carrera. "¡En sus marcas, listos, ya!" gritó Anciana, y Pacífico y Rápido comenzaron a correr.

Rápido corrió tan rápido como pudo, mientras que Pacífico saltó con todas sus fuerzas. "¡Chis, chas, chis, chas!" se escuchaba el sonido de sus patas contra el suelo.

La carrera fue reñida, pero al final, Pacífico llegó primero a la meta. "¡Hurra, Pacífico ganó!" gritaron todos los animales del bosque.

Pacífico, sin embargo, se acercó a Rápido y le dijo, "Rápido, tú también corriste muy bien. ¿Por qué no compartimos la zanahoria como amigos?"

Rápido se sorprendió, pero luego sonrió. "Eso suena bien, Pacífico," dijo Rápido.

Así, Pacífico y Rápido compartieron la zanahoria y se volvieron buenos amigos. Y desde aquel día, todos en el bosque recordaron la sabiduría de Anciana y la bondad de Pacífico, y aprendieron que es mejor compartir y vivir en paz que pelear por las cosas.

Y así termina nuestra historia de El Conejito Pacífico y la Zanahoria Disputada, donde aprendimos que compartir es mucho mejor que pelear. ¡Fin!

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