Había una vez, en la pequeña ciudad de Solana, un niño de siete años llamado Tim. Tim era un niño lleno de imaginación y energía. Siempre estaba corriendo y jugando con sus amigos en el parque, pero había algo que lo hacía especial: sus zapatos amarillos.
Los zapatos amarillos de Tim no eran zapatos comunes. Habían pertenecido a su abuelo, un famoso inventor, que decía que los zapatos tenían un secreto. “Estos zapatos amarillos”, le decía, “tienen un poder especial para quien los lleva con valentía y bondad en su corazón”.
Un día, mientras jugaba en el parque, Tim escuchó a la Sra. Mendoza, su anciana vecina, llorando desconsolada. Su gato, Tito, se había subido a un árbol muy alto y no podía bajar. Tim corrió a su casa, se puso sus zapatos amarillos y en un instante, sintió una extraña sensación. Miró hacia el árbol y, de un salto, llegó hasta la rama donde estaba Tito.
Con Tito en sus brazos, Tim saltó del árbol y aterrizó suavemente en la hierba, dejando a Tito sano y salvo en los brazos de la Sra. Mendoza. Desde ese día, Tim comenzó a ayudar a las personas de Solana con sus zapatos amarillos.
Un día, un incendio amenazó la biblioteca de Solana. Tim, viendo el peligro, se puso sus zapatos amarillos y corrió hacia la biblioteca. Con un salto, logró alcanzar una ventana alta y entrar a la biblioteca. A pesar del humo y el calor, Tim rescató todos los libros que pudo y los llevó a un lugar seguro.
Las noticias de las hazañas de Tim se difundieron por Solana y todos comenzaron a llamarlo "El Superhéroe de los Zapatos Amarillos". Pero Tim siempre decía: “No soy un superhéroe, sólo un niño que ayuda a los demás. Cualquiera puede ser un héroe si actúa con valentía y bondad”.
Tim demostró a todos en Solana que no necesitas superpoderes para ser un héroe. A veces, sólo necesitas un par de zapatos amarillos y un gran corazón. Así, Tim, el superhéroe en los zapatos amarillos, enseñó a todos en su ciudad la importancia de ayudar a los demás y de tener la valentía para actuar cuando los demás necesitan ayuda.
Y aunque Tim era un héroe para todos en Solana, él siempre recordaba las palabras de su abuelo: “Los zapatos no te hacen un héroe, Tim. Eres tú quien da poder a los zapatos”. Y con esa lección, el Superhéroe en los Zapatos Amarillos continuó corriendo, saltando y ayudando, dejando un rastro de bondad y valentía por dondequiera que pasaba.
Y así, queridos niños, recordemos siempre que no necesitamos superpoderes para ser héroes. Todos podemos ser héroes en nuestra vida diaria si nos esforzamos por ayudar a los demás y actuamos con valentía y bondad, al igual que Tim, nuestro querido superhéroe en los zapatos amarillos.

