Había una vez una niña llamada Valeria, recién llegada a un pueblo, un lugar muy extraño. Su casa estaba junto a un gran roble, que escondía un secreto bajo su follaje. Una puerta de madera antigua, con herrajes de plata, enigmática y mágica, "La Puerta de los Mundos Invisibles" se llamaba.
Valeria, curiosa e intrépida, un día decidió entrar. Manija en mano, corazón acelerado, la puerta se abrió sin esperar. Una ráfaga de viento la envolvió, y en un abrir y cerrar de ojos, Valeria estaba en un lugar desconocido, una dimensión paralela, un mundo invisible.
Las flores hablaban en rimas y los ríos fluían hacia arriba, las mariposas pintaban los cielos con colores brillantes y los árboles eran de cristal, reflejando los sueños. Valeria quedó asombrada, este mundo era realmente extraño, pero también hermoso y encantado.
"¡Hola, extranjera!" cantó una flor de lila, "eres nueva aquí, no te hemos visto antes. ¿Cómo te llamas, pequeña andante?"
"Me llamo Valeria," respondió la niña, "he venido desde un mundo lejano. ¿Podrías mostrarme este lugar encantado?"
"¡Por supuesto, Valeria!" cantó la flor, "¡Bienvenida al mundo de los sueños dorados! Aquí, todas las criaturas viven en armonía, y cada uno tiene su propia melodía."
Así, Valeria exploró el mundo invisible, conociendo a sus habitantes. Un pez volador que recitaba poesía, una mariposa que pintaba el cielo con su alegría, un árbol de cristal que reflejaba los sueños, todos viviendo en paz, en un mundo lleno de temas.
"Extraño este mundo," dijo Valeria un día, "pero también extraño mi hogar. Extraño a mi familia, a mis amigos, a mi viejo roble. ¿Cómo puedo volver al mundo visible?"
"Para volver a tu hogar," respondió el pez volador, "debes encontrar la puerta invisible. Está en el lugar más inesperado, donde tu corazón se siente más amado."
Valeria pensó profundamente, su corazón se sentía más amado bajo el viejo roble. Así que buscó y buscó, y finalmente encontró la puerta invisible, escondida en las raíces del árbol de cristal.
"Gracias, amigos," dijo Valeria, "nunca olvidaré este mundo invisible. Siempre recordaré su poesía, su armonía, su alegría."
"¡Adiós, Valeria!" cantaron todos, "eres siempre bienvenida aquí, en el mundo de los sueños dorados."
Con un último adiós, Valeria abrió la puerta invisible. Una ráfaga de viento la envolvió, y en un abrir y cerrar de ojos, estaba de vuelta en su casa, bajo el viejo roble.
Desde aquel día, Valeria recordó siempre la puerta de los mundos invisibles. Aunque extrañaba a sus nuevos amigos, estaba feliz de estar de vuelta en su hogar. Y siempre que se sentía sola o triste, recordaba el mundo invisible, y su corazón se llenaba de alegría.
Este es el cuento de Valeria, la niña que encontró la puerta de los mundos invisibles. Un cuento de aventuras, de amistad, de amor y de alegría. Un cuento que nos enseña que siempre hay algo mágico esperando a ser descubierto, si solo tenemos el valor de abrir la puerta.

