Había una vez en un pequeño pueblo llamado Faldas del Viento, rodeado de vastos bosques y altas montañas, donde los ríos fluían como cintas de plata y las flores danzaban al son del viento. En este encantador lugar vivía un niño llamado Timoteo, quien amaba explorar la naturaleza más que nada en el mundo.
Un día, mientras Timoteo vagaba por el bosque, escuchó un extraño murmullo que venía de la montaña más alta, llamada la Montaña Murmurante. Curioso, Timoteo decidió investigar. Pero antes de partir, visitó a la abuela Mariana, la anciana más sabia del pueblo y la única que conocía todos los secretos del bosque.
"Abuela Mariana," dijo Timoteo con sus ojos brillantes de emoción, "escuché un extraño murmullo en la montaña. ¿Debería ir a explorar?"
La abuela Mariana sonrió, sus ojos se iluminaron con la luz de mil recuerdos. "La Montaña Murmurante," suspiró, "es un lugar mágico, Timoteo. Pero recuerda, debes respetar la naturaleza y su equilibrio."
Así, con las palabras de la abuela Mariana resonando en sus oídos, Timoteo se adentró en la montaña. A medida que ascendía, el murmullo se volvía más claro, casi como si la montaña estuviera hablando con él. El murmullo decía: "Ayuda… Ayuda…".
Timoteo, asustado pero decidido, continuó hasta llegar a la cima. Allí encontró un viejo roble gigante, atrapado bajo una gran roca. El roble le habló: "Soy yo, la Montaña Murmurante. Una roca ha caído y está aplastando mi raíz. No puedo alimentar a las plantas y los animales que dependen de mí".
Timoteo, recordando las palabras de la abuela Mariana, sabía lo que tenía que hacer. Con toda su fuerza, empujó y empujó hasta que la roca se movió y liberó al roble. El roble suspiró de alivio y el murmullo cesó.
Al regresar al pueblo, Timoteo contó su aventura. La abuela Mariana sonrió con orgullo y dijo: "Has aprendido una gran lección, Timoteo. La naturaleza es un regalo valioso. Si la cuidamos, ella cuidará de nosotros".
Y así, el misterio de la Montaña Murmurante fue resuelto y Timoteo aprendió la importancia de respetar y cuidar la naturaleza. Desde aquel día, cada vez que Timoteo oía un murmullo en la montaña, respondía con una canción de gratitud y respeto por la maravillosa naturaleza que le rodeaba.
Desde entonces, en Faldas del Viento, cuentan la historia del valiente Timoteo y la Montaña Murmurante, recordándoles a todos, tanto a jóvenes como a mayores, la importancia de cuidar el entorno que nos da vida. Y en las noches de luna llena, si escuchas con atención, podrás oír el canto de Timoteo mezclándose con el murmullo de la Montaña.

