Érase una vez, en un mundo no tan lejano, un conejito llamado Timmy. Timmy era un conejo de pelaje suave y orejas largas que vivía en una acogedora madriguera en el corazón de un bosque verde y frondoso. Pero Timmy tenía un problema, un problema grande y oscuro: tenía miedo a la oscuridad.
Cada noche, cuando el sol se ocultaba y la luna tomaba su lugar en el cielo, Timmy se escondía en su madriguera, temblando de miedo. "¿Qué esconderá la oscuridad?" se preguntaba.
Un día, decidió que ya era suficiente. "¡No más miedo!" se dijo a sí mismo. "Hoy, voy a enfrentarme a la oscuridad". Pero, ¿cómo podría hacerlo?
Justo entonces, escuchó un pequeño ruido. Un pájaro azul, de plumas brillantes y ojos chispeantes, se posó cerca de él. "Hola, Timmy", dijo el pájaro. "Escuché que quieres vencer tu miedo a la oscuridad. Quizás pueda ayudarte".
"¡Oh, sí, por favor!" respondió Timmy, sus ojos se iluminaron con esperanza. El pájaro asintió y le entregó una pequeña semilla. "Esta es la semilla de la Luz Eterna", dijo. "Plántala y cuida de ella. Cuando crezca, te ayudará a enfrentar tu miedo".
Timmy tomó la semilla con cuidado y la plantó en un pequeño rincón de su madriguera. Cada día, la regaba y la cuidaba, esperando el momento en que pudiera enfrentarse a su temor.
Pasaron los días, y la semilla comenzó a crecer. Primero, brotó un pequeño tallo verde. Luego, aparecieron hojas, y finalmente, una hermosa flor brillante. La flor emitía una luz suave y cálida que iluminaba toda la madriguera de Timmy.
Llegó la noche, y con ella, la oscuridad. Pero esta vez, Timmy no se escondió. En cambio, miró la flor brillante y sonrió. La oscuridad ya no parecía tan aterradora.
Timmy salió de su madriguera y miró la noche. En lugar de esconderse, ahora podía ver las hermosas estrellas brillando en el cielo. Los sonidos nocturnos, que antes le asustaban, ahora le parecían una melodía tranquilizadora. La oscuridad, que una vez le había causado miedo, ahora le parecía un misterio emocionante.
Desde aquel día, Timmy ya no tuvo miedo a la oscuridad. Descubrió que la oscuridad no es algo de lo que temer, sino una parte maravillosa y necesaria de la vida. Aprendió que a veces, lo que nos parece aterrador, solo es desconocido.
Y así, el valiente Timmy superó su miedo a la oscuridad. Su historia nos enseña que, a veces, la única cosa que necesitamos para superar nuestros miedos es un poco de luz y la valentía para enfrentarnos a lo desconocido.
Moraleja: No temas a la oscuridad, ya que en ella también puedes encontrar belleza y misterio.

