Luces y Risas en la Fiesta de Farolitos

En el pequeño y colorido pueblo de San Juan del Río, se celebraba cada año la tradicional fiesta de los farolitos. En esta festividad, los habitantes del pueblo iluminaban sus casas con velas dentro de farolitos de papel, y los niños corrían por las calles jugando y riendo bajo las luces de colores. Había música, risas, y un ambiente mágico que envolvía a todos en un abrazo de alegría y comunidad.

En el centro del pueblo, la señorita Rosita, la profesora de la escuela, estaba muy emocionada. Este año, ella era la encargada de organizar la fiesta. La señorita Rosita tenía un gran amor por las tradiciones y quería enseñar a sus alumnos el valor de mantener vivas las costumbres de su pueblo.

"Este año haremos los farolitos más grandes y bonitos que jamás se hayan visto", les dijo a sus alumnos. Y así, durante semanas, la señorita Rosita enseñó a los niños cómo hacer farolitos de papel. Los niños estaban emocionados, y cada uno quería que su farolito fuera el más bello.

Finalmente, llegó el día de la fiesta. Las calles se llenaron de risas y luces de colores. Los niños, con sus farolitos en mano, se paseaban orgullosos, mostrando su trabajo a todos los habitantes del pueblo. La señorita Rosita no podía estar más feliz. "¡Mira, señorita Rosita, mira mi farolito!" gritaba cada niño, y ella los felicitaba con una gran sonrisa.

Pero entonces, algo inesperado ocurrió. Una ráfaga de viento sopló con fuerza y los farolitos de los niños empezaron a apagarse. Los niños, asustados, corrieron a la señorita Rosita. "¿Qué vamos a hacer ahora?" preguntaron con tristeza.

Con una sonrisa tranquilizadora, la señorita Rosita les dijo: "No se preocupen, niños. Los farolitos no son solo las luces que brillan, sino también la alegría y la unión que traen a nuestro pueblo. Así que, aunque nuestros farolitos se hayan apagado, la fiesta no tiene por qué terminar. Vamos a cantar, a bailar y a reir. Esa es la verdadera luz de nuestra fiesta".

Y así fue. Los niños, inspirados por las palabras de la señorita Rosita, continuaron la fiesta. Cantaron y bailaron con más alegría que nunca, y llenaron las calles con risas y juegos.

Aunque el viento había apagado los farolitos, la fiesta de los farolitos de San Juan del Río brilló más que nunca. La señorita Rosita, viendo a sus alumnos disfrutar, se sintió orgullosa. Había logrado enseñarles una valiosa lección sobre las tradiciones y el valor de la comunidad.

Esa noche, el pueblo de San Juan del Río estuvo más iluminado que nunca. No por las luces de los farolitos, sino por la risa y la alegría de sus habitantes. Y todos, grandes y pequeños, se unieron en un canto de gratitud a la señorita Rosita, la profesora que les enseñó que la verdadera luz de la fiesta de los farolitos es la unión, la alegría y el amor que se comparte en comunidad.

Así, cada año, en San Juan del Río se celebra la fiesta de los farolitos. Y aunque siempre hay luces y farolitos de colores, todos recuerdan la lección de la señorita Rosita: la verdadera luz de la fiesta está en las risas, en los juegos, en las canciones y, sobre todo, en el amor que se comparte en comunidad.

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