Había una vez un bosque, lleno de vida y de color,
donde la paz y la armonía eran lo de mayor valor.
Pero un día, sin motivo, empezó la discordia,
y el bosque se llenó de enojo, de tristeza y de nostalgia.
En el bosque vivían el zorro, el lobo, el búho y la ardilla,
todos amigos, todos vecinos, en su amada sencilla villa.
Pero un día, sin saber por qué, la paz se quebró,
cada uno por su lado, cada uno se marchó.
El zorro, astuto y elegante, decía: “¡El bosque es mío!”
El lobo, fuerte y valiente, respondía: “¡No, es mío!”
El búho, sabio y sereno, se limitaba a observar,
mientras la ardilla, nerviosa, no sabía qué pensar.
El bosque, antes lleno de risas, se volvió un lugar sombrío,
nadie se hablaba, nadie reía, reinaba el vacío.
Las hojas caían lentamente, los ríos dejaron de fluir,
el bosque, antes lleno de vida, comenzaba a morir.
El búho, sabio y tranquilo, decidió hablar,
“Amigos, hermanos, tenemos que arreglar.
El bosque es de todos, no sólo de uno,
si seguimos así, lo perderemos, sin duda alguna.”
El zorro y el lobo, orgullosos, se negaban a escuchar,
“¡El bosque es mío! ¡No, es mío!” volvían a gritar.
Pero la ardilla, nerviosa, decidió intervenir,
“Amigos, hermanos, tenemos que compartir.”
La ardilla, pequeña pero valiente, se puso de pie,
“Si seguimos peleando, el bosque morirá, ¿no lo ves?
El zorro, el lobo, el búho, y yo, la ardilla,
todos somos parte de este bosque, de esta hermosa villa.”
El zorro y el lobo, sorprendidos, dejaron de pelear,
miraron a su alrededor, y comenzaron a llorar.
El bosque, su hogar, empezaba a morir,
todo por su culpa, por no querer compartir.
“Tienes razón, ardilla, el bosque es de todos,
no importa si somos pequeños, o si somos grandes lobos.
El bosque es nuestro hogar, y debemos cuidarlo,
juntos, como hermanos, debemos amarlo.”
Desde aquel día, el bosque volvió a florecer,
la paz y la armonía volvieron a prevalecer.
El zorro, el lobo, el búho y la ardilla,
todos amigos, todos vecinos, en su amada sencilla villa.
Y así, niños, termina nuestro cuento,
una historia de amistad, de respeto y de entendimiento.
En la vida, como en el bosque, debemos aprender a compartir,
porque juntos, como hermanos, es como debemos vivir.

