Había una vez un curioso aventurero llamado Nico, que tenía una obsesión por viajar en el tiempo; era una idea que le daba vueltas en la cabeza como un carrusel enloquecido.
Un día, mientras exploraba el viejo desván de su abuela, descubrió un antiguo reloj de pie que parecía haber sido olvidado por el tiempo, cubierto de polvo y telarañas. Lo más curioso de este reloj era su cara, que en lugar de tener solo doce horas, tenía infinitas marcas de tiempo que representaban diferentes épocas de la historia.
Nico, con su espíritu inquieto, decidió darle cuerda al reloj. En el momento en que las manecillas giraron, un torbellino de colores se desató del reloj y Nico se encontró en medio de un carrusel giratorio, el 'Carrusel del Tiempo'.
“¡Vaya, este sí que es un viaje en el tiempo!”, exclamó Nico, mientras sus ojos se abrían como platos al ver que cada caballo del carrusel representaba una época diferente. Decidió montarse en el caballo más cercano y se encontró de repente en la prehistoria, rodeado de enormes dinosaurios.
“¡Hola, Nico!”, le saludó un Tyrannosaurus Rex, con un sombrero de copa y un bastón. “Sí, sé tu nombre. Todos los dinosaurios somos excelentes adivinos, ¿no lo sabías?”
Nico se rió, a pesar de estar un poco desconcertado. “No, no lo sabía. Eso es… muy interesante. Pero, ¿no deberías estar… ya sabes, comiéndome?”
El T-Rex se rió a carcajadas. “¡Oh, no! Eso es un estereotipo. Prefiero las verduras, para ser honesto. ¿Has probado las hojas de helecho? Son deliciosas."
Después de una cómica cena de helechos con su nuevo amigo dinosaurio, Nico decidió que era hora de cambiar de época. Montó en un caballo diferente y se encontró en la antigua Roma.
“¡Salve, Nico!”, le saludó un gladiador mientras luchaba contra un león… que, para sorpresa de Nico, llevaba gafas y leía un periódico.
“¡Hola!”, respondió Nico. “Ehm, ¿no debería estar ese león intentando comerte?”
El gladiador soltó una carcajada. “¡Oh, no! Eso es solo para el show. En realidad, somos compañeros de habitación. A él le gusta la poesía y a mí el punto de cruz.”
Y así, Nico viajó de época en época en su Carrusel del Tiempo, riéndose, aprendiendo y haciendo amigos por el camino. Conoció a Cleopatra, que resultó ser alérgica a las serpientes, a un vikingo que odiaba los barcos y tenía mareo del mar, y a un pirata que en realidad era vegetariano y amaba cocinar.
Finalmente, Nico regresó a su tiempo, con una sonrisa de oreja a oreja y muchas historias que contar. Había aprendido mucho sobre historia, aunque de una manera un tanto inusual. Pero lo más importante es que se había divertido enormemente. Y aunque no podía esperar para volver a montar en el Carrusel del Tiempo, por ahora estaba contento de estar en casa, en su propio tiempo.
Y así, Nico aprendió que no importa cuánto viajemos en el tiempo, siempre hay algo nuevo y sorprendente que descubrir. Y aunque la historia puede parecer muy seria, siempre hay espacio para un poco de humor y diversión. Después de todo, eso es lo que hace que el viaje sea tan emocionante.

