Era una hermosa tarde de verano en el pequeño pueblo costero de Villa Mar. Los niños jugaban en la playa, mientras los adultos se relajaban bajo la sombra de los árboles. Pero en medio de todo ese bullicio, había un lugar que siempre llamaba la atención de los más curiosos: el faro.
El faro era una enorme construcción de piedra, con una gran torre blanca y una luz intermitente que guiaba a los barcos en la oscuridad de la noche. Muchos decían que en el faro vivía un anciano solitario, que era el encargado de encender la luz todas las noches. Pero lo que la mayoría de la gente no sabía, era que en realidad había dos guardianes del faro: un hombre llamado Tom y su nieto, David.
Tom era un hombre amable y sabio, pero lo que más llamaba la atención de él era su brazo derecho, que había perdido en un accidente años atrás. A pesar de su discapacidad, Tom seguía siendo el encargado de encender la luz del faro todas las noches. Y su nieto, David, era su fiel ayudante.
David era un niño de 10 años, con una gran imaginación y una pasión por los superhéroes. Siempre soñaba con tener poderes especiales, como volar o ser invisible. Pero lo que más le gustaba era fantasear con la idea de ser un superhéroe y salvar al mundo de los malvados.
Un día, mientras Tom y David estaban en el faro realizando su rutina diaria, una terrible tormenta se acercó a la costa. La lluvia y el viento eran tan fuertes que los barcos no podían navegar y la luz del faro se apagó.
Tom intentó encender la luz de nuevo, pero no pudo alcanzar el interruptor con su único brazo. David, viendo la desesperación de su abuelo, decidió tomar cartas en el asunto. Con su imaginación volando, David recordó todas las historias de superhéroes que había leído y decidió usar sus poderes para salvar el faro.
Concentrándose en su objetivo, David cerró los ojos y de repente, su brazo derecho comenzó a brillar con una luz intensa. Con un grito de emoción, David usó su brazo como un rayo láser y activó el interruptor de la luz del faro.
La luz volvió a iluminar el mar y los barcos pudieron navegar de nuevo. Tom y David fueron aclamados como héroes por los pescadores y marineros que habían sido salvados de un posible desastre. Y desde ese día, David se convirtió en un verdadero superhéroe a los ojos de su abuelo y de todo el pueblo.
Pero lo que nadie sabía era que David no tenía poderes especiales, su brazo simplemente había sido tocado por la luz del faro y eso le había dado la fuerza para encenderlo. Sin embargo, ese secreto se mantuvo entre Tom y David, quienes sabían que lo importante no era tener poderes, sino tener el coraje para enfrentar y superar los miedos.
A partir de ese día, David dejó de tener miedo a la oscuridad y a la idea de no tener superpoderes. Él había demostrado que era un verdadero héroe, capaz de enfrentar cualquier desafío que se le presentara.
Y así, el faro de Villa Mar se convirtió en un lugar aún más especial para David y su abuelo. Cada vez que encendían la luz, recordaban ese día en el que juntos, enfrentaron y superaron sus miedos. Y aunque David nunca se convirtió en un superhéroe con poderes especiales, siempre sería un héroe en el corazón de su abuelo y de todo el pueblo.

