Había una vez, en el bosque más hermoso y colorido que puedas imaginar, un conejito llamado Hops. Hops era especial, no solo por sus grandes orejas o su pelo suave como el algodón, sino porque era el conejito más honesto de todo el bosque.
Un día, mientras Hops saltaba por el bosque, ¡Plop! Plop! Plop! Se topó con una cosa brillante y redonda en el suelo. Era una moneda de oro. ¡Qué brillante! ¡Qué bonita! Pero Hops sabía que no era suya.
Hops decidió buscar al dueño de la moneda. Primero, fue a visitar a su amiga, la señora Ardilla. "¿Has perdido una moneda de oro, señora Ardilla?" preguntó Hops. La señora Ardilla miró sus nueces y luego miró la moneda. "No, no es mía", dijo, "pero si encuentras más, ¡me encantaría tener una!"
Luego, Hops fue a visitar a su amigo, el señor Zorro. "¿Has perdido una moneda de oro, señor Zorro?" preguntó Hops. El señor Zorro miró su cueva y luego miró la moneda. "No, no es mía", dijo, "pero si encuentras más, ¡me encantaría tener una!"
Y así, Hops visitó a todos sus amigos en el bosque, pero nadie había perdido una moneda de oro. Hops estaba confundido, pero decidido a hacer lo correcto.
Mientras pensaba, escuchó un llanto suave proveniente de la colina. Hops saltó hacia la colina, ¡Plop! Plop! Plop! Allí encontró a una pequeña hada llorando.
"¿Por qué lloras, pequeña hada?" preguntó Hops. La pequeña hada levantó la vista y dijo: "He perdido mi moneda de oro, la necesito para iluminar mi camino a casa."
Hops sonrió y dijo: "¡No te preocupes, pequeña hada! He encontrado tu moneda de oro". Y le entregó la moneda brillante a la hada.
La cara de la pequeña hada se iluminó y dijo: "¡Oh, gracias, conejito honesto! Como recompensa por tu bondad y honestidad, voy a concederte un deseo".
Hops pensó por un momento y luego dijo: "Quiero que todos en el bosque sean tan honestos como yo". La pequeña hada sonrió y con un ademán de su varita, concedió el deseo de Hops.
Desde aquel día, todos los animales en el bosque fueron increíblemente honestos, tal como Hops. Y aunque a veces la verdad puede ser difícil de decir, todos estaban más felices y se sentían más seguros porque sabían que podían confiar el uno en el otro.
Y así, Hops, el conejito honesto, nos enseña que la honestidad es siempre la mejor política y que, al ser honestos, podemos hacer nuestro mundo un lugar más feliz y seguro.
¡Y vivieron felices y contentos en su bosque, siempre diciendo la verdad, siempre siendo honestos, siempre siendo como Hops, el conejito honesto! Y cada vez que escuchas ¡Plop! Plop! Plop! en el bosque, puedes estar seguro de que es Hops, saltando de aquí para allá, siempre listo para ayudar con su gran corazón honesto.
¡Fin!

