Había una vez tres amigos inseparables: Rino el rinoceronte, Leo el león y Elefante, el elefante. A pesar de ser diferentes, siempre estaban juntos, jugaban juntos y se ayudaban en todo momento.
Un día, decidieron embarcarse en un gran viaje para encontrar la misteriosa fruta dorada que, según cuentan las leyendas, concedía un deseo a quien la comiera. Con entusiasmo, Rino, Leo y Elefante partieron en su gran aventura.
Viajaron a través de densas selvas, cruzaron ríos rugientes y treparon altas montañas. En el camino, conocieron a Mono, el tramposo. Mono era conocido por su astucia y siempre estaba buscando una manera de engañar a los demás.
Mono escuchó la conversación de los amigos inseparables y decidió que él también quería la fruta dorada. Así que, con una sonrisa maliciosa, Mono decidió distraer a Rino, Leo y Elefante para robar la fruta dorada antes que ellos.
Primero, Mono llevó a los amigos a un camino equivocado. Pero Elefante, con su gran memoria, se dio cuenta de que estaban yendo en la dirección equivocada.
Luego, Mono intentó separar a los amigos, pero Leo, con su gran rugido, llamó a sus amigos y se volvieron a reunir.
Finalmente, Mono hizo un foso y cubrió de hojas para atrapar a los amigos. Pero Rino, con su gran fuerza, ayudó a sus amigos a salir del foso.
Cansado y derrotado, Mono se rindió y admitió que había intentado engañar a los amigos para obtener la fruta dorada primero. Rino, Leo y Elefante, a pesar de todo, decidieron perdonar a Mono y le invitaron a unirse a su viaje.
Al final, encontraron la fruta dorada y, para su sorpresa, había suficientes frutas para todos. Cada uno hizo un deseo y luego compartieron las frutas, incluso con Mono.
Rino, Leo y Elefante aprendieron que, sin importar los desafíos y obstáculos, siempre podrían superarlos si trabajaban juntos y se ayudaban mutuamente.
Y así termina la historia del gran viaje de los amigos inseparables. Nos enseña que la amistad y la colaboración son más fuertes que cualquier desafío y que siempre es mejor trabajar juntos para alcanzar nuestras metas.
Así que, niños, recordad siempre, como Rino, Leo y Elefante, que la verdadera fuerza está en la unidad y la amistad. Y nunca olviden que el verdadero tesoro son los amigos que haces en el camino.
Fin.