Había una vez, en una lejana selva, un valiente león llamado Leo. Era conocido por su valentía y su rugido que parecía el trueno. Pero Leo tenía un secreto, un miedo muy grande: temía a la oscuridad.
Un día, la luna y las estrellas desaparecieron del cielo y la noche se volvió más oscura de lo habitual. La selva estaba tan oscura que Leo no podía ver su propia cola. ¡PLUF! Se cayó de espaldas.
"¡Oh, no! ¿Y ahora qué hago?" se preguntó Leo, su valiente corazón latiendo fuertemente. ¡PUM PUM PUM!
Justo en ese momento, apareció una tortuga muy vieja y sabia llamada Tito. Tito era conocido como el profesor de la selva, siempre lleno de sabiduría y buenos consejos.
"Leo, ¿por qué estás temblando como una hoja?" preguntó Tito, ajustándose sus gafas de concha.
Leo rugió suavemente, "Tito, tengo miedo de la oscuridad y no puedo ver nada."
Tito sonrió sabiamente. "Leo, a veces no necesitamos ver con nuestros ojos, sino con nuestro corazón. Y recuerda, la valentía no es la ausencia de miedo, sino la superación de él."
Pero Leo aún estaba asustado. "¿Cómo puedo hacer eso, Tito?"
Tito le dio a Leo una linterna hecha de luciérnagas. "Esta luz te ayudará, pero debes aprender a confiar en ti mismo, Leo."
Leo tomó la linterna y, con un profundo suspiro, se aventuró en la oscuridad. De repente, escuchó un ruido. ¡SSSSSSS!
"¡Oh, no! ¿Qué es eso?" gritó Leo, su corazón latía rápidamente. ¡PUM PUM PUM!
Pero luego recordó las palabras de Tito. Cerró los ojos e intentó sentir con su corazón. "¡Es solo el viento que sopla entre las hojas!" se dio cuenta Leo. Sonrió y continuó su camino.
Pronto, otro ruido lo asustó. ¡GRRRRR!
"¡Ay, ay, ay! ¡Eso suena como un monstruo!" gritó Leo, su corazón latía aún más rápido. ¡PUM PUM PUM!
Pero de nuevo, recordó las palabras de Tito. Cerró los ojos e intentó sentir con su corazón. "¡Son solo mis amigas, las ranas, cantando su canción de cuna!" se dio cuenta Leo. Rió y siguió adelante.
Finalmente, Leo llegó a su cueva. La oscuridad ya no le daba miedo. Había aprendido a sentir con su corazón y a reírse de sus miedos.
Desde aquel día, Leo ya no temía a la oscuridad. Incluso la noche más oscura no podía asustarlo. Y todos en la selva sabían que el valiente león Leo había superado su mayor miedo.
Y Tito, el sabio profesor, siempre recordaba a todos: "La valentía no es la ausencia de miedo, sino la superación de él."
Así que la próxima vez que tengas miedo, recuerda a Leo, el valiente león, y a Tito, el sabio profesor. Y recuerda, siempre puedes superar tus miedos, no importa lo grandes que sean.
¡Y ríe, ríe, siempre ríe! Porque no hay nada más valiente que una risa en medio de la oscuridad.

