Érase una vez, en un pequeño y acogedor granero, vivía un alegre pavo llamado Timmy. Timmy era diferente a los demás pavos, siempre estaba sonriente y lleno de energía. Su actividad favorita era jugar con los niños que vivían en la granja.
La época favorita de Timmy era el otoño, cuando las hojas cambian de color y caen de los árboles. Pero lo que realmente le emocionaba era la festividad de Acción de Gracias. ¡Oh, cómo le gustaba esa fiesta! Los niños de la granja le contaban historias sobre un gran banquete en el que todos compartían y daban gracias.
Un día, la niña más pequeña, Lucy, le dijo a Timmy que los pavos eran parte de la cena de Acción de Gracias. Timmy se quedó boquiabierto. "¿P-p-pavo para la cena?", tartamudeó. Lucy asintió, con una mirada triste en sus ojos.
Pero Timmy era un pavo valiente y decidió hacer algo al respecto. "¡No seré una cena de Acción de Gracias!", exclamó, ruffling sus plumas. Y así comenzó la gran aventura de Pavo Timmy.
Timmy sabía que tenía que esconderse, pero ¿dónde? Miró alrededor del granero, buscando un lugar perfecto. "¡Cluck, cluck!", dijo, lo que en el lenguaje de los pavos significa "¡Tengo una idea!".
Se escondió en un montón de heno, pero "¡achoo!", estornudó. Luego intentó esconderse entre los cerdos, pero "¡oink, oink!", los cerdos eran demasiado ruidosos. Finalmente, vio un gran barril vacío. "¡Gobble, gobble!", dijo Timmy, emocionado. Eso significa "¡Esto es perfecto!" en el lenguaje de los pavos.
Mientras tanto, Lucy estaba preocupada por Timmy. Lo buscó por toda la granja, llamándolo: "¡Timmy, Timmy!", pero no hubo respuesta. Cuando vio el barril, tuvo una idea. Se acercó lentamente, llamó a Timmy, y para su sorpresa, Timmy salió del barril, "¡Gobble, gobble!", dijo, feliz de ver a Lucy.
Lucy se rió y abrazó a Timmy. Luego le explicó que la cena de Acción de Gracias era una forma de agradecer y celebrar la abundancia de la naturaleza. Timmy entendió y se sintió aliviado.
El día de Acción de Gracias llegó. Todos en la granja se reunieron alrededor de la mesa, agradeciendo por las bendiciones del año. Timmy, bien escondido en su barril, se unió a ellos en espíritu. Lucy, al dar gracias, mencionó a Timmy y cómo su amistad le enseñó a valorar aún más a todos los seres vivos en la granja.
Y así, cada año, durante Acción de Gracias, Timmy seguía escondiéndose en su querido barril, y Lucy siempre le llevaba un poco de maíz y verduras para celebrar. Aprendieron que la verdadera esencia de Acción de Gracias no está en la comida, sino en agradecer y apreciar a aquellos que nos rodean.
Por eso, niños y niñas, recordemos que todas las criaturas, grandes y pequeñas, tienen un lugar en este mundo y en nuestros corazones. Y como Pavo Timmy nos enseña, a veces, el valor y la valentía vienen en paquetes muy inesperados. ¡Gobble, gobble!

