Érase una vez, en un pequeño pueblo llamado Maravilla, un niño de cinco años llamado Tim. Tim tenía una curiosidad muy grande y soñaba con viajar por el mundo. Un día, mientras jugaba en el desván de su abuelo, encontró una caja de madera vieja y polvorienta. Dentro de la caja había una extraña máquina con botones de colores y una gran palanca. ¡Era una máquina del tiempo!
Con un poco de miedo, pero lleno de emoción, Tim decidió probarla. Giró la gran palanca y ¡ZAS! Se encontró en el antiguo Egipto. Miró a su alrededor y vio pirámides, camellos y gente vestida con túnicas. Un niño egipcio llamado Anuk se le acercó y le enseñó cómo construían las pirámides y cómo usaban jeroglíficos para escribir. Tim estaba tan emocionado que se olvidó de volver a casa hasta que Anuk le recordó que su familia estaría preocupada.
Regresó a casa justo a tiempo para la cena y les contó a sus padres sobre su viaje. Ellos pensaron que era una historia imaginativa y se rieron. Al día siguiente, Tim decidió viajar otra vez. Esta vez, se encontró en la antigua China. Conoció a una niña llamada Mei que le enseñó a hacer linternas de papel y a escribir en chino. Mei también le recordó a Tim que debía volver a casa antes de que su familia se preocupara.
Así, Tim viajó a muchos lugares y épocas diferentes, aprendiendo sobre diversas culturas y tradiciones. Siempre volvía a casa a tiempo para la cena y compartía sus aventuras con su familia. Sus padres y su abuelo disfrutaban de sus historias y se reían de su imaginación.
Un día, Tim decidió llevar a su hermana pequeña, Lily, en un viaje en el tiempo. Viajaron a la antigua Roma y conocieron a un chico romano llamado Marcus que les enseñó a hacer mosaicos y a hablar latín. Lily estaba asombrada y emocionada por la aventura. Cuando volvieron a casa, Lily corrió a contarle a sus padres sobre el viaje.
Sus padres se rieron pensando que era otra de las imaginativas historias de Tim. Pero entonces, Lily mostró un mosaico que había hecho con Marcus. Los padres de Tim se quedaron boquiabiertos. Comenzaron a creer que la máquina del tiempo de su abuelo era real. Decidieron que, si Tim y Lily podían viajar en el tiempo, entonces todos podrían hacerlo.
Así, Tim, Lily, sus padres y su abuelo comenzaron a viajar juntos en el tiempo, aprendiendo sobre las diferentes culturas y tradiciones del mundo. Cada viaje les enseñaba algo nuevo y emocionante. A través de sus viajes, se volvieron más unidos y apreciaron aún más su tiempo juntos como familia.
Y desde entonces, cada vez que alguien en el pueblo de Maravilla escucha una risa alegre y ve una luz brillante, saben que la familia de Tim está en otra aventura de aprendizaje y diversión, viajando en su increíble máquina del tiempo.

