¡Pum! El Pequeño Cohete de Año Nuevo

¡Pum! El Pequeño Cohete de Año Nuevo

Era la víspera de Año Nuevo en el tranquilo pueblo de Villa Feliz. Todos estaban emocionados, preparando los deliciosos manjares para el gran banquete de medianoche y decorando sus casas con luces brillantes. En una pequeña casa al final de la calle, vivía una familia muy especial, la familia López.

El Papá López era un inventor, siempre creando cosas ingeniosas. La Mamá López era una maravillosa cocinera, conocida en todo Villa Feliz por sus deliciosas tortas. Y estaban los tres pequeños López: Pedro, el mayor, siempre curioso; Marta, la del medio, siempre sonriente; y el pequeño Juan, siempre soñador.

Ese día, Papá López había inventado algo extraordinario: un pequeño cohete. No era un cohete cualquiera, ¡era un cohete mágico! Papá López les explicó a sus hijos que cuando el reloj marque la medianoche, el cohete volaría hasta el cielo y explotaría en una lluvia de estrellas, trayendo buena suerte para el Año Nuevo.

Los niños estaban emocionados, pero también un poco preocupados. ¿Y si algo salía mal? ¿Y si el cohete no volaba? Decidieron proteger el cohete y asegurarse de que nada malo le sucediera.

Pasaron todo el día cuidándolo. Pedro, con su lupa, inspeccionaba cada detalle del cohete. Marta, con su gran sonrisa, le cantaba canciones al cohete para mantenerlo feliz. Y Juan, el soñador, le contaba historias sobre las maravillosas aventuras que tendría en el cielo.

Pero cuando el reloj marcó las once, ocurrió algo inesperado. El cohete parecía estar… ¡triste! ¿Cómo podía ser eso? Los niños estaban desconcertados. Miraron a Papá López, quien también parecía sorprendido. Mamá López, con sus manos en las caderas, dijo: "¡Vamos, niños! Tenemos un misterio que resolver".

Observaron al cohete cuidadosamente. Pedro, el curioso, notó que el cohete parecía estar apagado. Marta, la sonriente, vio que no tenía su brillo usual. Y Juan, el soñador, entendió lo que pasaba: el cohete tenía miedo a volar.

Entonces, los niños se pusieron a trabajar. Pedro buscó en sus libros de ciencia una solución. Marta preparó una canción especial para darle ánimos al cohete. Y Juan, el soñador, le contó al cohete lo maravilloso que sería volar alto en el cielo y convertirse en una lluvia de estrellas.

Finalmente, el reloj marcó la medianoche. Todos en Villa Feliz contaron regresivamente: "¡Tres! ¡Dos! ¡Uno!" Y con un fuerte "¡Pum!", el cohete despegó. Voló más alto y más alto, hasta que explotó en una magnífica lluvia de estrellas.

Todos aplaudieron y celebraron. Pero la familia López estaba especialmente feliz. Habían resuelto el misterio y ayudado al cohete a cumplir su misión.

Y así, cada Año Nuevo, la familia López lanzaría un cohete mágico, llenando el cielo de Villa Feliz con una lluvia de estrellas. Y cada vez, se asegurarían de que el cohete estuviese listo y feliz para su gran aventura.

¡Pum! ¡Pum! ¡Pum! El pequeño cohete volaba, llenando el cielo de esperanza y alegría para el nuevo año. Y la familia López, siempre unida, siempre trabajando en equipo, celebraba el comienzo de un nuevo año lleno de amor, risas, y por supuesto, misterio.

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