Había una vez, en un mundo lleno de colores y risas, dos pequeños y adorables amigos: Tito, un valiente y curioso dragón, y Lulu, una princesa de cabellos dorados y corazón bondadoso. Su amistad era tan fuerte que nada ni nadie podía separarlos.
Un día, mientras jugaban en el bosque de los Carambolas, se encontraron con una misteriosa cueva. "¡Vamos a explorarla!", exclamó Tito, siempre buscando la próxima aventura. Lulu, un tanto temerosa pero decidida, asintió y tomó su mano.
La cueva era oscura y misteriosa. "¡Coo! ¡Coo!", se escuchaban ecos lejanos. De pronto, una sombra se movió. Era Griseldo, el mago gruñón. "¡Esta es mi cueva! ¡Fuera de aquí!", gritó, lanzando un hechizo que encerró a Tito y Lulu en una jaula de cristal.
"Ay, Tito, ¿qué vamos a hacer?", preguntó Lulu, asustada. Tito, con sus ojos brillantes, miró a Lulu y dijo: "No te preocupes, Lulu. Juntos, somos más fuertes que cualquier mago gruñón".
Entonces, Tito y Lulu comenzaron a pensar en cómo salir. Tito podía soplar fuego, pero el cristal no se derretía. Lulu intentó romperlo con su corona, pero no tenía suficiente fuerza.
De repente, Lulu recordó algo. "Tito, ¿recuerdas la canción que siempre cantamos cuando estamos asustados?". Tito sonrió y asintió. Juntos, comenzaron a cantar:
"Cuando el miedo nos acecha,
y la oscuridad se estrecha,
juntos cantamos fuerte,
y nada puede detenernos".
Al escuchar la canción, el cristal comenzó a temblar. "¡Más fuerte, Tito!", gritó Lulu. Tito, con todas sus fuerzas, sopló fuego al ritmo de la canción. "¡BOOM! ¡BOOM! ¡BOOM!", el cristal vibraba.
Griseldo, al oír la canción y el fuego, se tapó los oídos. Pero la música era tan fuerte que no pudo evitar escucharla. Y algo mágico sucedió. Griseldo comenzó a sentirse feliz. La música había tocado su corazón gruñón.
Con un último "¡BOOM!", el cristal se rompió. Tito y Lulu salieron corriendo de la cueva, riendo y cantando. Griseldo, todavía sorprendido, los miró y se dio cuenta de que había estado solo en la cueva por mucho tiempo.
Desde aquel día, Griseldo dejó de ser gruñón y se unió a Tito y Lulu en sus aventuras. Aprendió que la amistad y la colaboración son más fuertes que cualquier hechizo. Y Tito y Lulu, siempre juntos, se dieron cuenta de que, sin importar el peligro, siempre podían contar el uno con el otro.
Y así, en un mundo lleno de colores y risas, dos pequeños amigos y un mago ya no tan gruñón vivieron muchas aventuras, siempre recordando que la amistad y la colaboración son los mayores tesoros que uno puede tener.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

