El Maravilloso Mundo de la Máquina de Sueños

Había una vez una niña llamada Amelia, cuya curiosidad era tan grande como su amor por los sueños. Cada noche, Amelia soñaba con mundos increíbles y aventuras de otro mundo. Pero cada mañana, al despertar, los sueños se desvanecían como gotas de rocío bajo el sol. Amelia deseaba recordar y vivir sus sueños incluso cuando estaba despierta. Así que, decidió construir una Máquina de Sueños.

La Máquina de Sueños era una máquina extraña y maravillosa. Tenía botones de todos los colores, palancas brillantes y cables que se retorcían y se enrollaban como serpientes de arco iris. Amelia trabajó día y noche, utilizando cada herramienta y pieza que podía encontrar. Cuando finalmente terminó, miró su creación con una mezcla de orgullo y expectación.

Esa noche, Amelia se metió en su cama y coloco el casco de la Máquina de Sueños en su cabeza. Cerró los ojos y presionó el botón verde. De pronto, se encontró en un mundo de sueños. Había un cielo de terciopelo azul, campos de algodón de azúcar y ríos de chocolate. Había animales que hablaban y estrellas que cantaban. Incluso podía volar.

Pero algo extraño ocurrió. Amelia se encontró con un enigma. En medio de su maravilloso mundo de sueños, había una puerta cerrada. La puerta estaba hecha de luz y sombras, y una inscripción decía: "Para abrir, resuelve el misterio de los sueños."

Amelia se rascó la cabeza. ¿Cómo podía resolver el misterio de los sueños? Observó su mundo de sueños, buscando pistas. Vio estrellas que parpadeaban en un patrón, animales que le decían palabras extrañas, y ríos de chocolate que fluían en direcciones misteriosas. Pasó días y noches en su sueño, intentando resolver el enigma.

Finalmente, después de muchas aventuras y pensamientos profundos, Amelia tuvo una idea. El misterio de los sueños no estaba en el mundo en sí, sino en cómo lo veía. Los sueños eran un reflejo de sus propios pensamientos, miedos, esperanzas y deseos. Eran su propia mente dándole forma a un mundo de posibilidades infinitas.

Amelia se acercó a la puerta de luz y sombras. Dijo en voz alta: "El misterio de los sueños es que son un reflejo de mi mismo." La puerta se abrió lentamente, revelando un espejo. Amelia se vio a sí misma, pero también vio todas las aventuras que había tenido, todos los mundos que había soñado.

Despertó en su cama, con el casco de la Máquina de Sueños aún en su cabeza. Pero en lugar de olvidar sus sueños, los recordaba claramente. Se dio cuenta de que no necesitaba la Máquina de Sueños para vivir sus sueños. Eran una parte de ella, siempre presentes y siempre cambiantes.

Desde aquel día, Amelia ya no necesitó la Máquina de Sueños. Cada noche, soñaba con mundos maravillosos y aventuras increíbles. Y cada mañana, recordaba sus sueños y los llevaba consigo en su corazón. Y así, Amelia descubrió que el maravilloso mundo de los sueños estaba dentro de ella todo el tiempo.

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