El Pequeño Árbol que Quería Bailar

Había una vez, en un bosque brillante y verde, un pequeño árbol llamado Otto. Otto era más pequeño que los demás árboles. Sus hojas eran más suaves, sus ramas más cortas. Pero Otto tenía un sueño enorme en su corazón de madera. ¡Quería bailar!

"¡Plim, plam, plum!" Soñaba Otto, imaginándose deslizándose con el viento, al ritmo de la música de la naturaleza. Pero a pesar de sus intentos, su tronco era demasiado rígido y sus ramas demasiado pesadas.

Los demás árboles del bosque se reían. "¡Los árboles no pueden bailar, Otto!", decían. Pero Otto no se rendía, él sabía que podía ser diferente.

Un día, una bandada de pájaros encantadores llegó al bosque. Eran Beto el Búho, Chelo el Canario y Pipo el Pájaro Carpintero, conocidos en todo el bosque por sus maravillosas canciones. Cuando vieron a Otto intentando bailar, se acercaron a él.

"¡Hola Otto!", cantaron los pájaros. "¿Por qué estás tan triste?"

"Quiero bailar, pero soy muy rígido y pesado", contestó Otto, con lágrimas en sus hojas.

Beto el Búho, al ser muy sabio, pensó durante un momento. Luego dijo: "Otto, no necesitas ser como los demás árboles para bailar. Puedes mover tus hojas con el viento, hacer sonar tus ramas como los palitos de una maraca. ¡Tú puedes crear tu propio baile!"

Chelo el Canario, con su voz melodiosa, agregó: "Y nosotros te ayudaremos. Cantaremos la música mientras tú bailas."

Pipo el Pájaro Carpintero, siempre dispuesto a trabajar, se puso de pie. "Yo ayudaré a aligerar tus ramas, Otto. ¡Toc, toc, toc!" Empezó a picar delicadamente las ramas de Otto, haciendo que fueran más ligeras.

Otto se emocionó mucho. "¡Gracias, amigos!", dijo. Y así, comenzaron a practicar. Beto, Chelo y Pipo cantaban, "¡Tri, tri, trin!" Mientras Otto movía sus hojas y ramas al ritmo de la música. "¡Plim, plam, plum!"

Día tras día, Otto practicaba y practicaba. A veces se sentía cansado y quería rendirse, pero sus amigos siempre estaban allí para animarlo.

Finalmente, llegó el día del Gran Baile del Bosque, donde todos los animales se reunían para celebrar la belleza de la naturaleza. Otto se puso nervioso, pero Beto, Chelo y Pipo estaban allí para apoyarlo.

Cuando llegó el momento, la música comenzó a sonar. "¡Tri, tri, trin!" Otto respiró hondo y comenzó a moverse. Sus hojas se mecían suavemente con el viento, sus ramas crujían alegremente, "¡Plim, plam, plum!"

Todos los animales del bosque se quedaron asombrados. Nunca habían visto a un árbol bailar de esa manera. Otto, con su baile único, había demostrado que, a pesar de ser diferente, podía hacer algo maravilloso.

Desde ese día, todos los árboles y animales del bosque aprendieron que no hay que temer a ser diferente. Y Otto, con la ayuda de sus amigos, había cumplido su sueño. Cada vez que el viento soplaba, se podía ver al pequeño árbol Otto, bailando feliz, al ritmo de la naturaleza.

Y así, con "¡Tri, tri, trin!" y "¡Plim, plam, plum!" termina nuestra historia, demostrándonos que con determinación y la ayuda de buenos amigos, todos podemos alcanzar nuestros sueños, sin importar cuán grandes o pequeños seamos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *