El Bosque de las Verdades Ocultas

Había una vez un bosque encantado llamado "El Bosque de las Verdades Ocultas". Este bosque estaba repleto de criaturas misteriosas y mágicas, pero la más fascinante de todas era una pequeña ardilla llamada Nuez.

Nuez no era una ardilla común; tenía el don especial de la sabiduría, otorgado por el viejo roble, el árbol más antiguo del bosque. Este don le permitía entender y hablar con todas las criaturas del bosque, y también descubrir las verdades ocultas que otros no podían ver.

Un día, el conejo Saltarín llegó a Nuez muy angustiado. "Nuez, necesito tu ayuda. Cada vez que intento cavar mi madriguera, el topo Topacio la destruye. No entiendo por qué lo hace y ya no puedo más".

Nuez, con su don de la sabiduría, decidió investigar. Se adentró en la madriguera de Topacio y le preguntó por qué estaba destruyendo la casa de Saltarín. Topacio, sorprendido, respondió que no tenía idea de lo que estaba hablando.

Nuez, entonces, se dio cuenta de que había una verdad oculta detrás de todo eso. Utilizando su don, descubrió que no era Topacio quien destruía la madriguera de Saltarín, sino las propias acciones de Saltarín. Siempre cavaba en un lugar inestable, y cuando Topacio pasaba por debajo, inevitablemente la madriguera se derrumbaba.

Así, Nuez le explicó a Saltarín que debía elegir un lugar más seguro para cavar su madriguera. Saltarín, agradecido, prometió ser más cuidadoso en el futuro.

En otra ocasión, la cierva Claridad se acercó a Nuez con un problema. "Nuez, mi reflejo en el lago ha desaparecido. Creo que el agua está enojada conmigo".

Nuez, con su don de sabiduría, decidió investigar. Al llegar al lago, se dio cuenta de que la superficie del agua estaba cubierta de hojas caídas. Utilizando su don, comprendió que el reflejo de Claridad no había desaparecido; simplemente estaba oculto bajo las hojas.

Así, Nuez le explicó a Claridad que su reflejo no se había ido, solo estaba oculto. Claridad, aliviada, prometió mantener su área del lago limpia de hojas en el futuro.

A lo largo de los años, Nuez ayudó a muchas criaturas del bosque a descubrir sus verdades ocultas. Y aunque su don era especial, Nuez siempre recordaba a todos que la verdadera sabiduría viene de la comprensión y la empatía hacia los demás.

La moraleja de esta historia es que, a veces, las verdades que buscamos están ocultas a simple vista. Solo necesitamos un poco de sabiduría y comprensión para descubrirlas. Y aunque no todos tenemos el don de Nuez, todos podemos aprender a ser más comprensivos y empáticos con los demás.

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